Relación entre el impuesto personal y el impuesto societario a la renta | Estudio Fernández Dolinsky | Otros Impuestos

Consejo Profesional de Ciencias Económicas

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

XII Congreso Tributario

Octubre 2008

Exposición como panelista

Relación entre el impuesto personal y el impuesto societario a la renta

 

Luis Omar Fernández

 

El presente es un tema clásico de la teoría de la tributación y ha sido desde siempre objeto de estudio, por lo que es difícil aportar grandes novedades. El autor, por su parte, ya ha incursionado diversas veces en la cuestión, desde el lejano Congreso Nacional de Profesionales en Ciencias Económicas, que se desarrollara en esta Casa en 1990, hasta el Tratado de Tributación que se edito con motivo del reciente cincuentenario de  la Asociación Argentina de Estudios Fiscales.

 

En este trabajo se intentará entonces mostrar el estado actual del problema, con especial referencia a los cambios que se han producido en el mundo en las ultimas décadas.

 

Algunas de estas cuestiones, por ejemplo el tema de las alícuotas, o de las asimetrías en la financiación con capital propio o ajeno, serán abordadas por otros disertantes, por lo que el presente versará, en esencia, sobre el tratamiento en el impuesto personal de los accionistas, de las utilidades que distribuyen las sociedades.

 

1.- Planteamiento del problema

 

La cuestión en análisis se puede plantear como sigue:

 

Una sociedad, sujeto del impuesto societario, obtiene utilidades que están gravadas en éste y paga el impuesto;

 

Esa misma sociedad distribuye dividendos a sus accionistas, que son sujeto del impuesto personal.

 

El accionista debe incluir los dividendos como ganancia gravada en el impuesto personal.

 

A partir de esta situación hay quienes sostienen que existe doble imposición de los dividendos, ya que éstos han pagado el impuesto a la renta societaria, mientras que otros sostienen la posición contraria y dicen que no existe dicho fenómeno porque:

 

El impuesto societario no es un costo para la sociedad, ya que ésta lo recupera vía traslado a precios. Asumida esta hipótesis, el problema no existe, por lo que debe dejarse de lado todo análisis;

 

Se trata de una renta distinta de la renta societaria y darle un tratamiento diferente (o sea reconocer la doble imposición) sería discriminar en contra de otro tipo de rentas similares, que seguirían gravadas, afectando el principio de neutralidad.

 

La posición esbozada en a) debe contrastarse en la realidad empírica y, como se verá, no se ha llegado a una conclusión definitiva al respecto; la posición de b) en cambio, es diferente por dos razones: en primer lugar, que no exista doble imposición por tratarse de dos rentas distintas, es una cuestión opinable y en segundo lugar las consideraciones sobre equidad y neutralidad se pueden analizar junto con el criterio de quienes sostienen que existe doble imposición. Se trataran los temas en ese orden.

 

2.- Traslación del impuesto

 

Los estudios de traslación de los impuestos son también temas clásicos del análisis económico, existiendo al respecto diversas opiniones algunas de las cuales luego se citaran. Pero, más allá de ellas, es importante establecer si es posible determinar a priori la incidencia de los impuestos o, lo que es lo mismo, comprobar quien es el agente que soporta finalmente la carga económica que ellos comportan.

 

En esencia se trata de establecer, ante un cambio en los impuestos, cuales serán las reacciones de los involucrados, partiendo de la hipótesis de que quien sufre la carga tratará de recuperar el tributo pagado aumentando los precios de los bienes o servicios que enajena (traslación hacia adelante) o reduciendo los de los que adquiere, traslación hacia atrás. Si tiene éxito, el problema se transfiere a quien sufre la traslación y el proceso vuelve a comenzar.

 

Para mercados de competencia perfecta o de monopolio los estudios han arribado a soluciones bastante plausibles pero, lamentablemente, los mercados de la realidad, son de competencia imperfecta y, por ello, mucho menos predecibles. Una opinión sensata es la Musgrave[1] quien afirma que la empresa intenta trasladar el impuesto vía mayores precios, pero “…otro asunto es que la empresa realmente tenga éxito al hacerlo. El resultado depende de la medida en que haya ejercido ya su poder de mercado en la situación previa al impuesto”.

 

Además deben considerarse, junto con los efectos del cambio del impuesto,  las consecuencias que este produce en el gasto público, siendo el conjunto una intrincada red de interrelaciones cuya resultante es casi imposible de establecer.

 

Al respecto Bunge[2] dice, hablando del cambio social:

 

…tampoco es nuestra casi ignorancia de las leyes del cambio social la única razón por la cual la planificación no es un arte exacto….la acción intencional tiene consecuencias no previstas, ya que está socialmente imbricada y no se produce en un vacío social…En efecto somos constituyentes de redes sociales algunas de las cuales están tan apretadamente tejidas que, si se tira de uno de los hilos, es probable también se afecte a otros…a medida que avanzamos el mundo que nos rodea sigue cambiando, a veces al extremo de hacer irrelevante nuestro objetivo inicial u obsoletos o insuficientes nuestros medios.

 

Además, para conocer si los pronósticos de traslación se dan en la realidad, sería preciso medirlos, o sea el análisis ex post debe siempre validar al concepto ex ante; este proceso de contrastación  de la teoría es el único validante de la misma. Pero se trata de una difícil prueba, al decir de Arendt[3]

 

No es simplemente una cuestión de incapacidad para predecir todas las lógicas consecuencias de un acto particular, en cuyo caso un computador electrónico podría predecir el futuro…el problema consiste en que cualquiera sea el carácter y el contenido de la subsiguiente historia…que implique muchos o pocos actores, su pleno significado sólo puede revelarse cuando ha terminado.

 

La disposición a actuar, que es el elemento que debe estimarse en el proceso de traslación, es el producto de experiencias anteriores en situaciones similares, dice Bourdieu[4] que:

 

Asegura un dominio práctico de las situaciones de incertidumbre y funda una relación con el futuro que no es la del proyecto…sino la de la previsión  practica…la previsión de lo porvenir es por completo ajena a la lógica puramente especulativa de un calculo en los riesgos, capaz de atribuir valores a las diferentes posibilidades enfrentadas.

 

En conclusión, el proceso de traslación es una  realidad existente cuya incertidumbre la hace casi inabordable; esta característica no es habitualmente remarcada en los estudios sobre la misma, pero debe aquí tenerse presente pues es un factor decisivo en la incidencia del impuesto societario y el tratamiento de los dividendos en el impuesto personal.

 

Hecha la advertencia, se pasara revista a algunas de las opiniones que sobre el tema se han elaborado en la doctrina.

 

Por ejemplo Shoup[5], sostiene que la traslación del tributo depende en gran parte de la tasa del impuesto, de la estructura de capital de la empresa y de la naturaleza de la industria, en relación con la tasa de rotación de sus activos.

 

Como ya se vio, es humanamente imposible analizar exhaustivamente la interrelación de estos factores, en especial en el habitual caso de competencia imperfecta.

 

Con referencia a estos condicionantes, sostiene el autor que si el impuesto aumentara fuertemente, no sería de esperar que las empresas mantuvieran sus precios, por lo que obtendrían una mayor utilidad antes de impuestos; o sea habría traslación. Cuando el aumento fuera pequeño, podría esperarse un comportamiento inverso.

 

En el caso del aumento de precios, para establecer la magnitud del mismo que permita recuperar el impuesto, se vuelve un dato muy importante el coeficiente de rotación. A mayor rotación, será necesario un menor aumento de precios.

 

Estas conclusiones, dice Shoup, se basan en dos observaciones de la realidad: a) que se trata de industrias en competencia monopolística donde cada competidor toma en cuenta las reacciones de sus rivales ante un cambio de precios y b) en que los precios que establecerían no serían tan altos como los que percibiría un monopolista.

 

Por su parte, en el caso de este último, no habría traslación, pues al haber llegado punto de Cournot con anterioridad al momento de aumento del tributo,  el impuesto lo absorbería la renta monopólica[6].

 

En materia de estudios de equilibrio general, un trabajo precursor es el Harberger[7], cuya primera conclusión es que, en competencia perfecta “los capitalistas como grupo pierden  renta en una cantidad agregada igual a la cantidad percibida por el sector público”, o sea que no hay traslación.

 

Esto se produce porque a corto plazo (con rendimientos de escala constantes)  el impuesto lo soportan los capitalistas. Pero esto significará un desequilibrio en el mercado de capital al ser menor la tasa de rendimiento del capital de los sectores gravados (sujetos del impuesto societario)  que la de los sectores no gravados (no alcanzados por el tributo) este hecho provocará una reasignación de recursos en la economía, con traslados de capital de un sector a otro, hasta que se igualen las tasas de rendimiento del capital en los dos sectores.

 

Pareciera, sigue diciendo Harberger, que si el mercado opera a largo plazo, igualando las tasas de rendimiento del capital después de impuestos, “es inevitable que a largo plazo el impuesto sobre las sociedades se incluya en el precio de los productos”, pero esto no es tan sencillo.

 

El autor supone dos productos, uno producido por sujetos del impuesto societario, lo llama X y otro producido por quienes no lo son, lo llama Y. Los capitalistas que producen el producto X pierden una cantidad de renta igual a la recaudación del impuesto, esta disminución de renta se distribuye, al volver el mercado al equilibrio, sobre todo el sector capital, incluso los capitalistas que producen el producto Y.

 

En consecuencia, en la medida en que los consumidores mantienen la misma estructura de gasto (proporción de bien X y proporción de bien Y) no salen ganando ni perdiendo en su papel de consumidores; si la estructura del gasto varía, ganaran o perderán si aumentan los consumos del producto no gravado Y, a expensas de los consumos de X o a la inversa.

 

Si se acepta que los consumidores como grupo no pierden ni ganan, es evidente que el impuesto no se traslada y es soportado por los capitalistas.

 

Por último, agrega elementos monopolísticos y concluye que, parte del impuesto irá al beneficio monopólico, que como se sabe se diferencia del beneficio empresario, y el resto tendrá el mismo tratamiento ya esbozado: a largo plazo se distribuye entre todos los capitalistas.

 

Un análisis posterior de Mieszkowsky[8] concluye que “las controversias, como la de si los impuestos se trasladan hacia delante a los consumidores, o hacia atrás hacia los ingresos de los factores, se conciben como estériles cuando se consideran desde una perspectiva de equilibrio general”.

 

En resumen, no es razonable suponer que la traslación existe en todos los casos, siendo un factor que aún debe ser investigado empíricamente. Además, como bien lo hace notar Mieszkowsky la cuestión es que existen dos lados desde los que se puede abordar la incidencia: el lado de los usos de la renta y el lado de las fuentes de la renta. Falta poder determinar en qué medida un impuesto trasladado vía precios no vuelve a recaer sobre el capitalista como impuesto sobre sus propios consumos.

 

Por lo tanto se seguirá el análisis bajo la premisa de la no traslación.

 

2.1 Influencia del impuesto sobre la inversión

 

Otro factor fundamental del análisis son los efectos que los impuestos producen en los actores; por ejemplo, se pueden estudiar las consecuencias de los cambios en la tributación  empresaria, con referencia a las propensiones a invertir y a asumir riesgos, o a la oferta de trabajo, se analizará especialmente la primera.

 

Considerando los estudios anteriormente citados, es difícil realizar hipótesis sobre los efectos del tributo en la propensión a invertir: si no es claro sobre quien recae el tributo, sería muy arriesgado postular consecuencias sobre algún actor determinado. Muchos autores reconocen esto, por ejemplo Avi-Yonah[9] afirma que no existe consenso al respecto y que:

 

Mientras que los estudios más antiguos han tendido a concluir que dicho impuesto recae sobre los accionistas o sobre todos los que aportan capital, los más recientes sugieren que es sufragado en grado considerable por los consumidores o por la fuerza de trabajo. También es posible que el impuesto sobre las empresas establecidas haya recaído en los que eran accionistas cuando el gravamen fue creado o incrementado, porque posteriormente fue capitalizado en el precio de las acciones.

 

Además también se debe considerar que los efectos del impuesto sobre la inversión financiera (de portfolio) y la inversión directa son distintos, ya que la primera tiene una movilidad mucho mayor que la segunda.

 

Más allá de la existencia o no de traslación, es claro que esta está condicionada también por las condiciones de competencia en el mercado. El autor citado analizan el mercado de la inversión internacional y afirma que el impuesto a las ganancias de las sociedades, no constituye totalmente un costo para las empresas multinacionales, en la medida en que en el país de origen de las mismas existan sistemas de crédito de impuesto extranjero[10].

 

Por su parte, siempre que el país receptor no sea pequeño, la empresa multinacional suele tener razones, que exceden las tributarias, para estar en el mismo, por lo que este factor no necesariamente será definitorio; al respecto es de hacer notar que el razonamiento se aplica a la decisión de invertir[11], tomada la cual ya la empresa está en el país y, sigue diciendo el autor: “…el impuesto sobre esas rentas (siempre que sea inferior al 100%) no ahuyentará necesariamente al inversionista, aunque éste no pueda traspasar la carga tributaria a la mano de obra o a los terratenientes”[12].

 

Pero la concesión de ventajas tributarias, al decir de Avi-Yonha[13] es probable que no sea compensada por los beneficios de la inversión, ya que estos países no compiten con el universo de todos los demás, sino solo con el subconjunto de países con características similares a las suyas, los que tienen sus propios regímenes de beneficios.

 

Por supuesto es distinta la situación en la que el inversor puede optar por radicarse en diferentes países, allí seguramente será de gran importancia la presión tributaria de cada uno de ellos. Así AVI-YONAH[14] menciona, con cita a Braudel[15] la pertinencia de un análisis, en tres niveles históricos, del proceso de localización de inversiones que realiza una empresa multinacional:

 

En primer lugar se eliminan los países por factores que resultan impropios a largo plazo, tales como geográficos o climáticos.

 

Una segunda causa de eliminación son los factores de corto plazo, tales como la extensión limitada del control gubernamental, el costo de la mano de obra, los niveles de educación o la inestabilidad política.

 

Finalmente se elige entre los países remanentes tomando en cuenta factores que se encuentran bajo control del gobierno tales como tax holidays, subsidios u otros.

 

Esto hace meditar sobre la influencia del sistema tributario en la decisión de invertir.

 

3.- ¿La misma o diferente renta?

 

La ganancia de la sociedad (que es la base imponible de su tributo) por el solo hecho de ser distribuida y revertir sobre los accionistas ¿cambia su naturaleza? ¿es una renta diferente?.

 

Una contestación afirmativa da fundamento a la negación de la doble imposición (son rentas diferentes) y a su corolario: deben gravarse ambas, so pena de afectar la neutralidad en el tratamiento de la inversión. La contestación negativa es el fundamento de la posición que sostiene la doble imposición.

 

La cuestión  se relaciona con los sujetos: ¿se trata o no de dos sujetos diferentes? y su análisis depende, en el fondo, de la misma existencia del impuesto societario: si se piensa que las sociedades son sólo una pantalla tras la cual se esconden los intereses de sus dueños, o sea si se considera a la sociedad una ficción y, por lo tanto, se le niega personalidad, es claro que se trata de la misma renta, que solo pasa de una mano a otra y gravarla en ambos casos implica doble imposición. Por el contrario, si se trata de dos sujetos distintos, no existirá tal fenómeno.

 

Ahora bien, en la realidad, no se puede comprender bajo un mismo término a todas las sociedades: no es lo mismo una multinacional, que una sociedad nacional que cotiza en bolsa y tiene miles de accionistas o una pyme familiar; la distancia entre estas sociedades y sus accionistas es muy diferente: el espacio que separa a la propiedad y el control, en uno y otro tipo, varia fuertemente.

 

Jarach[16] en un conocido análisis distinguió diferentes clases de accionistas: el inversor, el especulador y el empresario; los dos primeros tienen una gran distancia con la empresa, sólo les interesa el dividendo o la fluctuación del precio de la acción y son claramente ajenos al manejo societario. El último, en cambio, es el propio empresario y tiene un manejo tal de la sociedad, que le permite planificar el conjunto de los impuestos sociedad/accionista, como si fueran uno solo. La conclusión es que las distintas clases de accionistas no deberían ser tratadas en igual forma.

 

No obstante ello, el impuesto habitualmente diferencia sólo entre sociedades alcanzadas y no alcanzadas, por lo que dentro del grupo de las primeras es probable que existan los diferentes tipos de accionistas; el resultado del tratamiento de los dividendos en su impuesto personal, tendrá muy diferentes efectos.

 

3.1 La cuestión en los sistemas tributarios

 

Si se observa la realidad, puede constatarse que el impuesto societario existe en la mayoría de las legislaciones del mundo y, más allá de la falta de acuerdo de la doctrina sobre la existencia o no de doble imposición (en su caso, la necesidad de solucionarla) reconocen algún tipo de relación entre el impuesto personal y el impuesto societario, la prueba de ello es la utilización generalizada de los sistemas de integración.

 

Las alternativas disponibles, sus ventajas y desventajas, son conocidas por los presentes, por lo que sólo se recopilaran y comentaran las distintas variantes. En realidad, se tiene la convicción de que la solución es política y que excede los niveles técnicos, en los cuales ha sido exhaustivamente investigada.

 

El legislador, al adoptar algún sistema o mezcla de ellos, deberá elegir por la suma de efectos en ambos impuestos (personal y societario) que considere más apropiada para sus fines.

 

4.- Doble imposición

 

Al suponer, como se dijo, la inexistencia de traslación, cobra validez la hipótesis de  la doble imposición: habitualmente así se denomina al caso en el cual un mismo hecho imponible es alcanzado por dos impuestos. Pese a su habitual utilización como término peyorativo, la doble imposición  no es un hecho en si mismo indeseable ni ilegal, dependiendo esa calificación, esencialmente, de la medida de la carga total.

 

Al respecto debe considerarse que la base del impuesto es diferente de la base del dividendo, aunque ambas estén compuestas por las utilidades de la sociedad. Por supuesto que, en el largo plazo, entrambas tenderán a converger, sin llegar a ser iguales pero, en el corto plazo[17], suelen diferir porque:

 

El impuesto se abona sobre la base imponible que, partiendo de la utilidad contable, recoge diversos ajustes, algunos de los cuales son temporarios y otros son definitivos. La sumatoria de estos últimos será la brecha que separara ambas bases en el largo plazo.

 

Los dividendos, tienen como base algunas de las utilidades del ejercicio[18] más otros conceptos, por ejemplo utilidades reservadas en ejercicios anteriores, que se decide distribuir.

 

Entonces, el impuesto que alcance a los dividendos, no será el mismo porcentaje que el que grava a la base imponible, lo cual dificulta enormemente estimarlo con cierta exactitud: los cálculos a priori del impuesto incluido en los dividendos no son exactos.

 

Además, al hablar de doble imposición, siempre se hace referencia a un solo sujeto que es quien sufre al doble carga; aquí hay dos sujetos y, salvo que se sostenga que la actividad del accionista no debe estar sujeta al tributo, no se da el caso habitual y común de doble imposición.

 

También es cierto que no alcanzar al dividendo con el impuesto personal (como se hace en Argentina) implica una violación a la neutralidad del tributo respecto de las distintas clases de inversión: la tasa de retorno de una colocación en acciones será, ceteris paribus siempre mayor que la de un préstamo. Por su parte si se considera el conjunto sociedad/accionista, este efecto se puede compensar[19], aunque sea parcialmente, cuestión que será analizada por otro panelista.

 

5.- Análisis de alternativas

 

Con las reflexiones anteriores se cree que esta descripto el contexto en el cual se analizarán los sistemas de vinculación entre ambos impuestos.

 

Para ello se seguirá el esquema propuesto por el Relator, que focaliza el análisis en los criterios de separación e integración total de rentas y los diversos sistemas intermedios, habitualmente denominados de integración.

 

5.1 Criterio de separación (Sistema clásico)

 

Este sistema, que fue el primero utilizado en el tiempo por los países desarrollados, consiste en gravar las ganancias societarias en el impuesto respectivo y los dividendos en cabeza del accionista.

 

La principal crítica que se le dirige es que de este modo los dividendos sufren una doble imposición: primero como utilidad en el impuesto societario y luego como dividendo en cabeza del accionista.

 

La tesis es absolutamente válida si se sostiene que la sociedad es sólo un conducto mediante el cual el accionista obtiene renta. Si se niega personalidad fiscal a la sociedad, en realidad no debería existir el impuesto societario o, a lo sumo, debería utilizarse para recaudar importes que luego fueran pagos a cuenta del impuesto personal del accionista.

 

Lo que parece contradictorio es reconocer capacidad contributiva a la sociedad y simultáneamente hablar de doble imposición cuando se graven los dividendos en cabeza del accionista.

 

Abordando la cuestión desde el punto de vista de la equidad, es evidente que quien adquiere los dividendos obtiene una ganancia que es indicio de capacidad contributiva y, por tanto, debe soportar el impuesto en igualdad de condiciones con otros perceptores de rentas.

 

Desde el punto de vista de la eficiencia, es obvio que se producirá una asignación subóptima de factores de la producción cuando el tratamiento tributario de los rendimientos de las distintas inversiones no sea igual: en la medida en que los dividendos tengan un tratamiento distinto (menor o nula imposición) que los resultados de otras formas de inversión, existirá una tendencia de los capitales hacia la inversión en acciones en detrimento de aquellas.

 

La afirmación anterior se puede aceptar por ahora sólo en forma condicional, dado que la inversión en acciones tiene ciertas peculiaridades que la distinguen de las demás inversiones.

 

Cuando alguien concede un crédito o compra un título de deuda, está prestando resguardado por la legislación civil o comercial; en el contrato pertinente se establecen las condiciones de la operación, que son pactadas libremente por las partes: allí se fija el monto de la contraprestación del deudor, las fechas en que deberá hacerse frente a la misma y el resto de los detalles; o sea, el acreedor conoce en todo momento sus derechos y, ante el incumplimiento del deudor, puede hacerlos valer judicialmente.

 

Muy distinta es la situación del accionista, quien compra un título valor (la acción) que representa una cuota parte del capital de una sociedad y con ella no obtiene derechos de acreedor, sino de socio.

 

En teoría, mientras la sociedad subsista, el único medio que tiene el accionista de recuperar el capital[20] es vender a un tercero su acción. Además, salvo que se trate de acciones preferidas, no tiene ninguna garantía de cobrar dividendos, que son el fruto o rendimiento de su inversión, ya que la distribución depende de la conjunción de, por lo menos, dos factores: que haya utilidades y que la asamblea decida repartirlas bajo la forma de dividendos y no reinvertirlas.

 

Por supuesto, en el largo plazo las situaciones tienden a igualarse; pues nadie invertiría en una sociedad que jamás distribuye dividendos. Lo que se quiere decir es que esta distribución no es algo indefectible y programable en el tiempo, que el accionista pueda exigir a la sociedad, sino que está sujeta en principio, al vaivén de los negocios y, por fin, a la decisión de todos los socios.

 

Esta naturaleza de los dividendos (distinta del interés) es la que hace que estén mucho más difundidos los sistemas de integración que el sistema clásico.

 

Existen además otras relaciones entre dividendos e interés:

 

Como ya se analizó, este impuesto posee un sesgo favorable a la financiación con capital ajeno

 

Cuando existen mercados autorregulados donde se cotizan las acciones su precio está influido no sólo por la expectativa de dividendos (deducida de los balances) sino también por la tasa de interés: cuando ésta aumenta es probable que baje el precio de las acciones, por ser más atractivos y por tanto demandados, los títulos de deuda.

 

En segunda instancia, la distinción entre capital y deuda ha dejado de ser lo nítida que era, con la introducción de los instrumentos de financiación híbridos, tales como bonos convertibles en acciones, opciones y otros.

 

Se cree que, pese a haber sido abordado reiteradamente, no hay aún posibilidades de emitir una opinión rotunda sobre la doble imposición, si se consideran todas estas alternativas.

 

En un abordaje tradicional, el sistema clásico produce doble imposición económica del dividendo[21], pues el impuesto lo paga la sociedad y también el accionista.

 

5.2 Sistema de transparencia

 

Este sistema ignora la personalidad fiscal de la sociedad, considerándola sólo un conducto a través del cual fluye renta a los socios La utilidad societaria se grava en cabeza de los accionistas, como si se tratara de una sociedad de personas y  puede existir un impuesto societario que se considere como pago a cuenta del impuesto de cada accionista.

 

Dicho tratamiento implica que los dividendos no se computen en la base del impuesto personal, pues ya se ha gravado la ganancia que los originó al imputársela a los accionistas oportunamente.

 

Este es el sistema recomendado entre otros por el Informe Carter y su ventaja principal es que cumple con los principios de equidad horizontal (trata igual a quienes están en igualdad de condiciones) y de eficiencia, en el sentido de no discriminar en el tratamiento de los resultados de las distintas clases de inversiones.

 

Pese a ello casi no se emplea en la realidad, porque presenta múltiples problemas administrativos:

 

Existen serios problemas para la aplicación en sociedades de muchos socios; por ejemplo las que cotizan en bolsa;

 

Es difícil la implementación, cuando los títulos circulan libremente y no son nominativos;

 

La imputación es dificultosa en el caso de ser una sociedad accionista de otra: el rastreo del accionista sujeto del impuesto personal puede ser muy difícil;

 

Macon[22] agrega los problemas que ocurrirían si la Administración Tributaria ajusta la utilidad de la sociedad, preguntándose: ¿cómo discute la Administración con todos los accionistas? ¿cómo los sanciona, cuando ellos no tienen ninguna responsabilidad personal en la determinación de la utilidad cuestionada, pero  reducen su impuesto? ¿cómo se defienden los accionistas (por definición ajenos a la sociedad) de los argumentos de la Administración?

 

Además, existe también el inconveniente de la posible falta de liquidez del accionista, que debe hacer frente a impuestos por la totalidad de las utilidades de la sociedad, con independencia de que se hayan distribuido o no.

 

Es también justo apuntar que este inconveniente no ha sido óbice para la adopción del sistema de transparencia[23] en ciertos casos específicos, tales como en la tributación de las sociedades de personas, aunque se debe reconocer que en general éstas tienen menos socios y éstos son conocidos.

 

Todos estos argumentos han hecho que este criterio no se aplique en la realidad y los países para atenuar la doble imposición sobre los dividendos opten por una solución second best: los sistemas de integración parcial

 

Sistemas de integración[24]

 

Estos sistemas reconocen  diversas formas de integración entre ambos impuestos (el societario y el personal) siendo múltiples sus posibles combinaciones.

 

Según como se diseñe la relación, habrá mayor o menor doble imposición, dependiendo esto también de la relación entre la alícuota del impuesto societario y la escala del impuesto personal a que esté sometido el accionista.
En la medida en que se elimine la doble imposición, también dejará de tener vigencia la “paradoja del dividendo” que sostiene que la distribución de dividendos está desalentada por el aumento consiguiente del impuesto personal del accionista.

 

A modo de guía en el abordaje de los temas se reproduce parcialmente el siguiente cuadro[25]

 

 

 

 

5.3.1 Integración en el impuesto societario

 

Cuando se opta por solucionar el problema dentro del impuesto societario, se puede hacerlo mediante dos mecanismos: la deducción del dividendo pagado de la base imponible del impuesto y el impuesto a las utilidades retenidas.

 

El primer criterio consiste en restar, de la base imponible del impuesto societario, los dividendos que se ponen a disposición del accionista; a su vez estos dividendos se gravan en cabeza de aquellos en el impuesto personal.

 

En caso de distribuir toda la utilidad impositiva, la sociedad no tendrá que pagar impuesto alguno y toda la carga caerá sobre el accionista; este caso límite tiene los mismos efectos que el sistema de transparencia. En los demás casos la carga se repartirá.

 

No obstante, existen algunas cuestiones que no son tan claras: habrá distorsiones cuando las utilidades comerciales (base sobre la que se distribuyen generalmente los dividendos) sean distintas de las utilidades impositivas, que son  la base de impuesto societario.

 

También habrá diferencias cuando los dividendos se distribuyan con posterioridad (en ejercicios siguientes) a la obtención de las utilidades impositivas. Por ejemplo, si se afectan utilidades a una reserva en lugar de distribuir dividendos en ese ejercicio, la sociedad deberá pagar el impuesto por estas utilidades, mientras que el accionista al no percibir los dividendos no estará gravado

 

Si la sociedad decide desafectar la reserva y distribuirla, deducirá de su base los dividendos y éstos estarán gravados en cabeza del accionista; mas si aquella no tiene utilidades, la deducción del dividendo pagado producirá quebranto, con lo que no recuperará el impuesto pagado cuando se constituyó la reserva en lugar de distribuir, sino que obtendrá sólo un quebranto deducible en el futuro.

 

Es claro el perjuicio financiero: cuando retiene utilidades paga más impuesto, cuando distribuye puede que tenga sólo un quebranto. En definitiva la característica del sistema es estimular la distribución de dividendos, desalentando, de este modo, la financiación con capital propio. Esta cuestión, como se comentó, refuerza el sesgo favorable a la financiación con capital ajeno.

 

Un problema que adicionalmente debe preverse, es el caso de accionistas no residentes. Se deberá establecer algún impuesto cedular o retención en la fuente para que no se beneficien con la rebaja de imposición, habida cuenta que no tributan el impuesto personal.

 

También este sistema es afectado por los cambios de alícuota de ambos impuestos, cuando existan diferimientos en la distribución de las utilidades.

 

El segundo mecanismo es el de impuesto  a las utilidades retenidas, o de alícuota dual; consiste en gravar las utilidades con una tasa general y, además, gravar las utilidades no distribuidas con una tasa adicional. Los dividendos son gravados en cabeza del accionista.

 

El efecto es que el impuesto que pagan los accionistas por los dividendos se compensa con el mayor impuesto que pagan las utilidades retenidas: la ganancia distribuida, de algún modo está menos gravada, lo cual nuevamente atenta contra la financiación con capital propio.

 

También se produce el inconveniente ya mencionado en el punto anterior con las accionistas no residentes, siendo las soluciones propugnadas las mismas.

 

Un último inconveniente apuntado es que la doble imposición se elimina dentro de la propia sociedad con lo cual puede pasar inadvertida para los accionistas que, por ello, tengan poco incentivo para declarar sus dividendos.

 

En Argentina la ley 20.628, de impuesto a las ganancias, cuando se dictó establecía un impuesto del 29.50% a las utilidades retenidas[26] y una alícuota del 22% para el impuesto societario; esta disposición rigió durante un corto tiempo.

 

5.3.2 Integración en el impuesto personal

 

En este caso, en el impuesto societario, se gravan las ganancias de la sociedad, sin considerar su distribución, la corrección de la mayor carga se hace en el impuesto personal, mediante un sistema de imputación o sistemas cedulares.

 

El sistema de imputación consiste en incluir en el impuesto personal los dividendos con grossing up, o sea acrecentados en el impuesto que, proporcionalmente, pagó la sociedad sobre ellos; el resultado es que se declara en el impuesto personal un dividendo mayor que el dividendo percibido por el accionista, ya que se considera que la parte pertinente de impuesto societario es un dividendo en especie que recibe el socio.

 

Una vez establecida la cuantía del impuesto personal, se procede a tomar como pago a cuenta del mismo, la parte del impuesto societario que se haya incluido como dividendo en especie.

 

Este sistema de integración elimina además el sesgo favorable a la financiación con capital ajeno, al ser partícipes los accionistas de la totalidad del resultado empresario después de impuestos.

 

Cuando la alícuota marginal del contribuyente en el impuesto personal coincide con la alícuota del impuesto societario, existe eliminación total de la doble imposición.

 

En caso que el contribuyente tenga una alícuota marginal mayor, la doble imposición será corregida parcialmente dado que  los dividendos quedarán gravados a una tasa superior a la del crédito de impuesto; esto es justo, ya que no sería adecuado conceder crédito por un impuesto que la sociedad no pagó. Por otra parte, esto es lo propio de un impuesto con alícuotas progresivas, aumentar la tributación más rápido que la base.

 

No obstante el razonamiento anterior será válido siempre que se considere que el contribuyente del impuesto personal sólo tiene utilidades bajo la forma de dividendos o, en caso de tener otras rentas, el total de rentas está constituido en último término por los dividendos, por lo que están gravados a la alícuota marginal. Más allá de estos razonamientos, no es posible, como se dijo, conceder un crédito de impuesto al accionista que sea mayor que el impuesto pagado por la sociedad.

 

En estos casos, el exceso de crédito se corrige con el impuesto de equiparación que alcanza el crédito de impuesto originado en ganancias de la sociedad que no han sido alcanzadas por el tributo societario.

 

Cuando el contribuyente tenga una alícuota marginal inferior a la del impuesto societario, se verá beneficiado por un crédito mayor al impuesto que le produce la inclusión de los dividendos.  A veces, para eliminar esta ventaja, que se considera injusta, se establece como tope para el crédito el incremento en la obligación tributaria personal que se produce al incluir los dividendos.

 

Una de las características importantes de este método es que hace explícita para el contribuyente la eliminación de la doble imposición.

 

Se denominan sistemas cedulares a diversas modalidades que van, desde la desgravación total de los dividendos[27], hasta el crédito de impuesto sobre el importe de los aquellos o impuestos cedulares sobre los mismos.

 

La desgravación total de los dividendos en el impuesto personal, tiene por defecto principal violar la integridad de la base imponible, dejando de lado ciertas rentas; como  antes se dijo, quiebra el principio de equidad horizontal y afecta la neutralidad del tratamiento impositivo de las distintas formas de inversión.

 

El método del crédito de impuesto, como su nombre lo indica, consiste en permitir tomar como crédito en el impuesto personal, un porcentaje de los dividendos. En el caso en que la aplicación de este porcentaje produzca un crédito igual al impuesto societario que pagaron los dividendos, habrá eliminación total de la doble imposición; cuando estas cifras difieran habrá exceso o defecto de crédito y en la medida del mismo no se corregirá (o se sobrecorregirá) el efecto “doble imposición”.

 

Un problema adicional de esta forma, es que puede ocurrir que parte de los dividendos se origine en ganancias no gravadas por el impuesto societario, con lo cual el crédito porcentual sobre los dividendos no expresa exactamente la incidencia del impuesto societario sobre los mismos.

 

La solución a este problema es nuevamente el impuesto de equiparación que anula la parte de crédito fiscal que se originó en ganancias no gravadas por el impuesto societario.

 

Por último, puede existir un impuesto cedular, separado, sobre los dividendos  (a veces asume la forma de retención en la fuente) con la paralela exclusión de los mismos de la base imponible del impuesto personal.

 

El resultado es regresivo y no toma en cuenta el principio de capacidad de pago.

 

6.- Impuesto de equiparación

 

Como se ha dicho se trata de un impuesto que se aplica en sistemas tributarios que gravan los dividendos en cabeza del accionista y tiene como propósito fundamental limitar el crédito de impuesto que éste recibe a la exacta medida del impuesto que tributó la sociedad.

 

En Argentina se ha hecho un uso espurio de esta figura; como es conocido los dividendos no están alcanzados por el impuesto personal (son no computables dice la ley) por lo que gravar en cabeza del accionista la parte de dividendo que no está alcanzada por el impuesto societario, deviene en un tributo a las ganancias exentas de la sociedad o a las diferencias entre utilidad contable y utilidad impositiva. En ambos casos el medio es reprochable.

 

Si el propósito del legislador fue anular las exenciones, debió directamente eliminarlas para los contribuyentes del impuesto societario, gravando toda la renta que obtengan; por su parte, si el propósito fue alcanzar las diferencias entre la base de los dividendos y la del impuesto societario, debió también cambiar esta, pero no introducir una figura tributaria diseñada para otros fines, que por ello, resulta inaplicable en el sistema tributario argentino.

 

8.- Conclusiones

 

Como se expusiera a lo largo del trabajo, existen en el mundo las más diversas  formas de encarar la relación entre el impuesto societario y el personal; no obstante ello, en los últimos años se hacen evidentes, por razones de competencia fiscal, entre otras, ciertas tendencias a cambiar la imposición a la renta, siendo un ejemplo de ellas la adopción de impuestos a la renta de base presunta o del impuesto dual en algunos países. La introducción de nuevos instrumentos obligará a reformular el problema.

 

Otro de los efectos de la competencia fiscal, ha hecho que algunos estados opten por desgravar los dividendos en el impuesto personal, como medio de atracción de inversiones.

 

No obstante todos estos cambios la situación básica sigue siendo la misma: si bien han disminuido los países que utilizan el sistema clásico de gravar a la sociedad y al accionista, siguen siendo mayoría los que emplean sistemas de crédito de impuesto en las distintas variantes comentadas.

 

 

 


[1] MUSGRAVE, Richard A y MUSGRAVE Peggy B.: Hacienda pública teórica y aplicada, 5ª edición McGraw-Hill 1992,  p. 328.

[2] BUNGE, Mario: Las ciencias sociales en discusión, Sudamericana, 1999, p.

[3] ARENDT, Hannah: La condición humana, Paidós, 2003, p. 215

[4] BOURDIEU, Pierre, Las estructuras sociales de la economía, Manantial, 2001, p. 242.

[5] SHOUP, Carl: La incidencia del impuesto sobre la renta de las empresas: estructura del capital y tasa de rotación, en Ensayos sobre economía impositiva, dirigido por MUSGRAVE, Richard y SHOUP, Carl, Fondo de Cultura Económica, México,  p. 355

[6] Ver análisis en COURNOT, Agustín: Del monopolio y de la incidencia de los impuestos sobre artículos producidos bajo el mismo en Ensayos sobre economía impositiva, op. Cit. p. 265 y sgtes. y WICKSELL, Knut: La imposición en caso de monopolio, en la misma obra, p. 282 y sgtes.

[7] HARBERGER, Arnold: Incidencia del impuesto sobre la renta de sociedades, en La incidencia del impuesto sobre sociedades, Instituto de Estudios Fiscales, Madrid, 1988, p.225 y sgtes.

[8] MIESZKOVSKY, Peter M.: Sobre la teoría de la incidencia tributaria en La incidencia del impuesto sobre la renta d e sociedades, op.cit. p, 287.

[9] AVI-YONAH, Reuven S.: Globalización y competencia tributaria: implicaciones para los

países en desarrollo, Revista de la CEPAL, n° 74, agosto 2001,  p. 66.

[10] AVI-YONAH, Reuven S: op.cit. p. 65.

[11] En este caso, en el momento de tomar la decisión, no se diferencia la inversión directa de la inversión financiera.

[12] AVI-YONAH, Reuven S: op.cit, ibídem.

[13] AVI-YONAH, Reuven S.: Globalization, Tax Competition and de Fiscal Crisis of the Welfare State, www.papers.ssrn.com/paper.taf?abstracts_id=208748, p. 65.

[14] AVI-YONAH, Reuven S.: Globalization, Tax Competition and de Fiscal Crisis of the Welfare State, www.papers.ssrn.com/paper.taf?abstracts_id=208748

[15] BRAUDEL, Fernand: The Mediterranean and the Mediterranean world in the age of Phillips II, Sian Reynolds, 1992, introducción.

[16] JARACH, Dino: Finanzas públicas y derecho tributario, primera edición, Editorial Cangallo 1983, p. 520 y sgtes.

[17] Los exiguos términos  para compensar los quebrantos impositivos, indican que en este aspecto, sólo son válidas las consideraciones de corto plazo.

[18] No siempre todas,  pues la empresa puede decidir reinvertirlas.

[19] La medida de la compensación dependerá de las tasas del impuesto societario y del impuesto sobre los intereses que debe pagar el prestamista; también influirá la posibilidad de la sociedad de deducir totalmente los intereses como costo.

[20] No se considera la reducción de capital por ser una situación extraordinaria y no esperable de una empresa en marcha.

[21] Sujeto a que se compartan los argumentos mencionados más arriba.

[22] MACON, Jorge: Economía del sector público, MacGraw-Hill, setiembre 2001.

[23] Es habitual usarlo también para gravar las rentas pasivas obtenidas en el extranjero por sociedades propiedad de residentes.

[24] En un importante trabajo el Dr.  REIG, Enrique Jorge: Sistemas de integración del impuesto a la renta societaria, Academia Nacional de Ciencias Económicas, Buenos Aires, Argentina 1983, estudia exhaustivamente los distintos sistemas conocidos, evaluándolos desde el punto de vista de la eficiencia económica, la equidad y los efectos distributivos, los aspectos internacionales, los costos de administración y cumplimiento y la flexibilidad y estabilidad.

[25] Adaptado de BUSTOS GISBERT, A y PEDRAJA CHAPARRO, F.: La doble imposición sobre los dividendos: un análisis comparado: Hacienda Publica Española n* 149 2/99, p, 58

[26] CACACE, Héctor O. y de TORRES, Emma J.: Sociedades de capital y de personas, socios y accionistas, en Evolución de la imposición sobre la renta en la República Argentina, dirigido por Enrique L. Scalone, Edicon, 2008, p. 213 y sgtes.

[27] Se incluye aquí a la exención de los dividendos en el impuesto personal, en el caso argentino Reig llamó a este sistema  “Método anómalo de integración” ver REIG, Enrique Jorge: Sistemas de integración del impuesto a la renta societaria, Academia Nacional de Ciencias Económicas, Buenos Aires, Argentina, 1983.