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Modelos económicos y finanzas públicas

 

Autor: Luis Omar Fernández.

[Facultad de Ciencias Económicas (UBA)]

 

1.- Introducción

En economía, como en las demás ciencias sociales, se trabaja con un objeto de estudio profundamente complejo, por lo cual el único camino de abordaje es la simplificación; consiste esta en abstraer de dicha realidad los elementos que se consideran más importantes y construir con ellos un esquema. Es lo que habitualmente se denomina un modelo.

 

El uso promiscuo del término “modelo”, que ha llegado a convertirlo en una expresión del lenguaje vulgar, requiere que para evitar confusiones se lo defina y delimite, en el caso se tratará del concepto de “modelo” que su usa habitualmente en economía que, como se verá, difiere sensiblemente del de las matemáticas.

 

Gómez[1] comienza definiendo el término de la siguiente manera:

 

Se llama modelo de una clase de formulas de un sistema formal, a toda interpretación en la cual toda fórmula de dicha clase en verdadera; a toda interpretación que hace verdadera a esa clase de fórmulas…….

(en cambio) el economista se refiere …a los modelos matemáticos de los fenómenos, y en ese momento esta pensando como modelo matemático, …a un cierto sistema de ecuaciones …que constituirían algo así como la versión matemática  de las relaciones fundamentales entre las variables relevantes del fenómeno

 

El proceso de construcción de este último modelo, en forma resumida, consiste en partir de ciertos supuestos que se aceptan como verdades a priori, son “razonablemente” verdaderos, pero no necesariamente comprobables. Sobre estos supuestos se establecen hipótesis vinculantes y mediante deducción lógica se obtienen conclusiones o predicciones, que son las que finalmente se corroboran mediante la observación.

 

La influencia de los hechos desechados en la construcción del modelo se neutraliza mediante la conocida cláusula ceteris paribus que significa literalmente “si todo lo demás no cambia” y ha sido muy cuestionada por los epistemólogos[2] .

 

Entonces, una característica fundamental de esta técnica inquisitiva, es la dificultad de reproducir en el modelo las condiciones del objeto investigado (la realidad) no sólo por la cantidad de hechos a comprender, sino también por las múltiples interrelaciones que existen  entre ellos que, además, es frecuente se ignoren. Por ello se abstraen (utilizan) sólo los elementos que se consideran más importantes

 

Si la tarea tiene éxito, el investigador podrá describir su campo de estudio, mejorar su conocimiento y eventualmente obtener proposiciones más generales las que, a su vez, deberán ser contrastadas con la realidad para observar su pertinencia.

 

Más, cuando de la contrastación empírica se observe que la generalización obtenida no explica los hechos, o que lo hace en forma parcial, aparecerá el problema inverso: ¿cómo reformular la teoría para lograr esa correspondencia con la realidad? Ello requiere el proceso opuesto: revisar las hipótesis de primer nivel, las relaciones postuladas entre los objetos de estudio y, lo que aquí interesa, los hechos desechados. Quede claro que si la teoría no explica la realidad, el error esta en aquélla, no en ésta y los equívocos en la apreciación de la realidad, también se relacionan con la validez de la teoría contrastada.

 

Como se ha dicho, la confirmación de la hipótesis, permite profundizar el análisis, relacionar aquella con teorías más generales e intentar explicar otros grupos de objetos y sus relaciones a partir de la explicación exitosa.

 

Como es conocido, el planteamiento anterior requiere la aceptación de ciertos supuestos filosóficos[3]:

 

Supuesto lógico de no contradicción.

 

Supuesto ontológico de la realidad del mundo externo.

 

Supuesto epistemológico de la cognoscibilidad de dicho mundo.

 

2.- Planteamiento del problema

En economía es habitual utilizar el modelo de competencia perfecta cuyos supuestos epistemológicos son están muy alejados de la realidad fáctica[l1] ; los principales son[4]:

 

Atomización: número de oferentes y demandantes suficientemente grande como para que cada uno tome al precio de mercado como un parámetro, por su imposibilidad de influir en él

 

Ausencia de externalidades: los costos de su actividad son soportados íntegramente por todos los actores.

 

Conducta racional de los competidores, que actúan maximizando su utilidad.

 

Transparencia: cada unidad económica tiene un razonable conocimiento de las operaciones que se están realzando en el mercado.

 

Estos axiomas operan en un marco ontológico cuyas principales características son:

 

El carácter atomístico de los integrantes de la sociedad: “La sociedad es un agregado de agentes individuales cuyas características, gustos y preferencias, son exteriores y previas a la sociedad misma”[5]

 

El ser humano ha devenido egoísta a través de un largo proceso de selección.

 

El ser humano es insaciable en relación con la satisfacción de sus objetivos.

 

Son conocidas las abundantes críticas a la realidad empírica de los supuestos antes mencionados, por lo que no se repetirán. Sólo se mencionará la opinión de un conocido epistemólogo[6] respecto de la tesis del individualismo metodológico implícita en el punto e) anterior:

 

El individualismo metodológico no funciona. Más aún, no puede funcionar, porque el universo no es un mero agregado de hechos atómicos, sino un sistema de sistemas, y porque los agentes –en especial los investigadores—no son individuos autosuficientes, sino nodos de redes sociales.

 

y luego[7]:

 

Los hechos sociales son polifacéticos porque, contrariamente al dogma individualista, la sociedad no es una colección desestructurada de individuos independientes, sino un súper sistema de individuos que interactúan, organizados en sistemas o redes de distinto tipo y diferentes intensidades de cohesión, desde la familia, la escuela y la congregación religiosa hasta la cadena de supermercados y la nación.

………………..

….puesto que los hechos sociales son polifacéticos, el mejor modo de abordar los problemas sociales es o bien en forma multidisciplinaria, o bien en forma interdisciplinaria…. El fracaso de las ciencias particulares en el abordaje de problemas multidimensionales  solamente prueba el fracaso del enfoque sectorial. Toda vez que ese fracaso tenga lugar, debe intentarse el enfoque sistémico antes de apresurarse concluir que la ciencia tiene límites insuperables

 

Además esta situación no es desconocida por muchos economistas, cuyas inquietudes han dado lugar a nuevas perspectivas y enfoques. En un reciente seminario[8] se destacaron como principales diferencias entre las que llaman “nueva” y “vieja” economía las siguientes:

 

Evolucionismo, procesos irreversibles.

Incertidumbre, predicción no posible, de las motivaciones de los actores, del futuro y de la interpretación profunda del pasado.

Noción de coordinación de procesos, no de equilibrio.

Posibilidad de aprendizaje, utilización del concepto de agencia; el individuo no es un maximizador pasivo.

Consideración de las estructuras, rol de las instituciones.

Enfoque sistémico, irreductibilidad del individuo a las instituciones y viceversa; concepto de emergencia y divergencia de niveles.

 

Por su parte, en un plano pragmático, las críticas no deberían dirigirse tanto al modelo cuanto a la utilización de sus conclusiones fuera del contexto en el que fueron formuladas. En especial a derivar del mismo normas presuntamente aplicables a la realidad.

 

La irrealidad de los supuestos epistemológicos no ha pasado inadvertida a muchos economistas que han justificado la aplicación del modelo con diversos argumentos; por ejemplo Stiglitz[9] menciona que “los economistas discrepan sobre el nivel de competitividad de la economía” pero muchos piensan que aquella es suficientemente competitiva como para que las ideas que se extraen del análisis de una economía competitiva sean revelantes en la comprensión de los fenómenos; pero otros “…piensan que la economía no es, por lo general, muy competitiva y que suponer que lo es contribuye poco a esclarecer los efectos de los impuestos”[10]. O sea la cuestión no queda definida.

 

Es lícito pensar que el supuesto de la existencia en la realidad de un grado alto de competitividad en la economía, al no poder ser demostrada empíricamente, amerita ser considerada una hipótesis ad-hoc cuya finalidad principal es impedir que la teoría sea falsada.

Por su parte no es claro que el grado de competitividad de una economía, sea lo que determine la validez de la aplicación de modelo de competencia perfecta: por ejemplo del hecho de que 20% de los operadores carezca de información perfecta, no se puede seguir que sea previsible la conducta del 80% de los operadores (dado que hay interacción entre los grupos de informados y no informados[11]) y menos aún, que el equilibrio que se logre difiera del modelo en algún porcentaje cognoscible. Se trata de realidades distintas y no de aproximaciones.

 

Entonces, no se postula descalificar el modelo sino validarlo sin utilizar hipótesis ad-hoc, ubicándolo en perspectiva en el lugar que debe ocupar y postular gran cautela en la aplicación normativa de sus conclusiones.

 

En cuanto a la conducta racional maximizadora ha sido fuertemente criticada su utilización como axioma por ser poco realista. Entre otras opiniones, Bunge[12] ha dicho: “…hay pocos indicios de que en los asuntos humanos predomine la razón más que la costumbre, la coerción, la emoción, o incuso la locura, en tanto que hay muchos indicios de que la conducta individual ´racional´–es decir egoísta—conduce con frecuencia a la irracionalidad colectiva”. Por su parte Boland[13] demuestra que no se trata de una hipótesis testeable, en particular en lo referido a cumplimentar todas las condiciones necesarias, y argumenta sobre la posibilidad de su carácter metafísico.

 

Gómez[14] analiza los supuestos epistemológicos de este modelo y, entre otros, destaca:

 

1.- No somos seres omniscientes…..en este supuesto basan por ejemplo, Popper y Hayek,…la irrealizabilidad de una distribución justa mas allá de los resultados del mercado…

2.-Elegir, decidir y actuar racionalmente significa maximizar el logro de nuestros objetivos (supuesto de la reducción de la racionalidad humana a racionalidad instrumental, es decir, a la mera racionalidad de medio-fines). Tal reducción tiene una consecuencia devastadora: la elección y decisión acerca de los objetivos deviene carente de racionalidad.

3.- Los seres humanos en sus transacciones en el mercado actúan racionalmente, y como el máximo objetivo es la ganancia, ellos actúan tratando de maximizarla (supuesto de racionalidad del mercado)….toda interferencia en dicho mercado…resulta irracional…

……………………

6.- Elegír, decidir y actuar racionalmente en el mercado, es elegir, decidir y actuar de acuerdo a cómo elegimos y no a qué elegimos; y elegimos, decidimos y actuamos de acuerdo con el orden objetivo de nuestras preferencias.

7.- Toda elección, decisión y acción es totalmente explicable en términos de argumentos regidos por las reglas de la lógica formal (supuesto de reducción de racionalidad a logicidad)

8.- En consecuencia no se exploran los orígenes de la elección racional. Esto también es consistente con la no necesidad de apelar a valores para explicar tales razones….es consistente con la defensa de la supuesta neutralidad valorativa de la economía.

 

Por ello, en los análisis que se realicen[15] deberían enunciarse expresamente estas limitaciones y otras que se originan en el método del análisis económico. Esa advertencia es lo menos que se podría pedir a un autor intelectualmente honesto de modo de impedir que, proposiciones basadas en esos análisis tan restrictivos, se postulen como soluciones a problemas reales, con lo cual todo el análisis se convierta simplemente en ideología.

 

Volviendo al tema de la carga excedente, el corazón de la cuestión es la incidencia del impuesto, cuyo estudio es dificultoso pues normalmente no se puede alterar la economía sólo de una manera: la variación de un impuesto generalmente se produce en forma simultánea con la variación de otro u otros y con cambios en el gasto público o en la política de deuda pública.

 

3.- El análisis de carga excedente

A modo de ejemplo de lo que se considera una aplicación mecánica a la realidad del modelo de competencia perfecta se analizará el concepto de carga excedente.

 

El fenómeno, conocido de antaño, ha recibido diversos nombres, por ejemplo Musgrave[16] lo llama exceso de gravamen, pérdida de bienestar o coste de eficiencia.

 

Se parte de la observación de un mercado en el cual es aceptable suponer que los impuestos afectan la conducta económica de los agentes. La detracción por el estado de una parte de la riqueza privada producirá reacciones en los afectados; este supuesto no requiere información perfecta sino sólo percepción de la realidad por parte de los involucrados: el impuesto variará los costos, haya o no traslación; en el primer caso por aumento de los precios, en el segundo por disminución de las ganancias de quienes no pueden trasladar. Esto es también aceptable pues una detracción de riqueza no puede, por su naturaleza, ser neutra o pasar desapercibida.

 

Admitido entonces que el impuesto variará la conducta de los agentes, la cuestión es si se puede analizar cuanto lo hará, en que sentido y si cualquier impuesto producirá la misma mutación conductual. A esta inquietud intenta responder el concepto de carga excedente.

 

Obsérvese que no se trata de establecer si se produce alguna variación, ya que es conocimiento trivial postular que al existir una causa (impuesto) se producirá un efecto (cambio conductual), la cuestión es la distorsión (su sentido y magnitud) que el impuesto produce en la conducta de los sujetos.

 

Por su parte, de los efectos en análisis, sólo interesan aquí los que no benefician al fisco, o sea los que no producen más recaudación y sólo afectan al contribuyente; probada la existencia de carga excedente, una política fiscal eficiente tendría que tratar de minimizarla.  Obsérvese que se pide a la política fiscal que sea casi mágica: evitar un costo que no beneficia a nadie[17].

 

Del análisis de carga excedente (realizado en condiciones de competencia perfecta) se deriva una norma de política fiscal que sostiene que son deseables (tienen menos carga excedente) los impuestos:

 

que se establecen sobre bases extensas, con pocas exenciones.

que se establecen sobre bienes que tienen pocos o ningunos sustitutos

que se establecen sobre bienes cuya demanda es inelástica, o menos elástica.

 

Se ha producido uno de los conocidos hiatos epistemológicos, habituales en el análisis económico aplicado a las finanzas públicas: de una conclusión obtenida en condiciones de competencia perfecta se pasa a una norma aplicable a la realidad, donde como es obvio los supuestos de aquella no existen.

 

Si aceptamos que el modelo de competencia perfecta existe (o pudo haber existido) en alguna situación de la realidad, pero no en todas ni siquiera en muchas, en términos lógicos la norma de la carga excedente podría explicarse como un razonamiento falso de la siguiente forma:

 

1ª premisa: existe un mercado de competencia perfecta

2ª premisa: en ese mercado existe un efecto, la carga excedente

Conclusión: existe en todos los mercados ese efecto, la carga excedente.

 

O sea se pasa de “algunos” a “todos”. Este es un modo de razonamiento falso, conocido ya por Aristóteles en la antigüedad[18] que ha dado origen al conocido “problema de la inducción”[19].

 

Por su parte, aunque el conjunto de los “algunos”estuviera compuesto por muchos miembros (en un extremo, la totalidad de ellos menos uno) el razonamiento seguiría siendo lógicamente falso, pues no se puede derivar de “algunos” conclusiones aplicables a “todos”.

Eso lleva a la validez lógica del razonamiento inductivo que, como se sabe, es sólo “plausible”, “probable” o “posible”, no verdadero.

 

Al respecto dice Barker[20] “…si se han examinado muchos cuervos y todos ellos han resultado ser negros, entonces, en ausencia de toda evidencia en sentido contrario, se desprende con probabilidad que todos los cuervos son negros” y luego aclara “…es posible que las premisas sean verdaderas y la conclusión sea falsa” (o sea que exista un cuervo que no sea negro) pero, se agrega, esta es la característica del razonamiento inductivo.

 

Es también conocido que la mayoría del conocimiento de las ciencias humanas se apoya en este tipo de razonamientos, en algunos casos reforzado por evidencia estadística que lo vuelve “plausible”, “probable” pero nunca verdadero. Todo esto debe tenerse en cuenta al evaluar esta norma ya que no son admisibles conclusiones apodícticas porque se está en el terreno de lo verosímil, no de lo verdadero

 

Del análisis de carga excedente (realizado en condiciones de competencia perfecta) se deriva una norma de política fiscal que sostiene que son deseables (tienen menos carga excedente) los impuestos:

 

que se establecen sobre bases extensas, con pocas exenciones.

que se establecen sobre bienes que tienen pocos o ningunos sustitutos

que se establecen sobre bienes cuya demanda es inelástica, o menos elástica.

 

Como se vera más adelante, la forma más conocida de eliminar el coste de eficiencia sería obtener toda la recaudación tributaria de un impuesto de capitación[21], pero esto sería políticamente insoportable en términos de equidad [22] por lo cual siempre se deberá realizar un arbitraje entre estos dos valores: la equidad y la eficiencia, medida esta última en términos de carga excedente.

 

En doctrina es habitual proponer que este arbitraje, si bien es propio de cada sociedad, es razonable realizarlo eligiendo el impuesto con menor carga excedente, entre dos igualmente equitativos, o el impuesto más equitativo, entre dos con la misma carga excedente.

 

En ese sentido Musgrave y Musgrave[23] sostienen: “considerando dos impuestos igualmente equitativos, obviamente será mejor utilizar el más eficiente de ellos; sin embargo puede ser preferible un impuesto menos eficiente si la transacción (trade-off) equidad y eficiencia así lo indica”.

 

Ejemplo: se construye una curva de demanda compensada (o sea eliminando el efecto renta) de un consumidor para un producto:

 

modos económicos

 

la cantidad demandada será Q0 y el precio P0 siendo el punto de equilibrio E0; se crea un impuesto t con lo cual el nuevo precio será P1, la nueva cantidad Q1 y el nuevo equilibrio se alcanzará en E1; la recaudación del impuesto será el área P1E1P0B, pero el área sombreada E0E1B será pérdida neta de excedente para el consumidor, o sea un sacrificio de éste que no es beneficio para el Fisco.

 

Si la demanda fuera absolutamente inelástica esta situación no se produciría pues la curva E sería vertical y paralela al eje del precio: el triángulo de ineficiencia no existiría. En otros términos, la conducta del consumidor no variaría ante las variaciones en el precio y el impuesto que recoge apropiadamente esta característica es la capitación.

 

Se puede realizar un análisis equivalente para la oferta y se llega a una solución similar: la pérdida de eficiencia se observa como disminución del excedente del productor y cuando la oferta es totalmente rígida o inelástica dicha ineficiencia no existe.

.

La conclusión que habitualmente se sigue del análisis anterior (caso del consumidor) es la deseabilidad de los impuestos de base ancha, donde al estar gravados la mayoría de los hechos imponibles, los sujetos no pueden eludir la carga del tributo mediante cambios conductuales. Un corolario es la necesidad de incluir en el impuesto a los bienes sustitutos.

 

Esta conclusión, además limita el campo de las políticas tributarias aceptables, porque impide la utilización de impuestos específicos, por ejemplo a artículos de consumo lujosos (abrigos de piel) o perjudiciales para la salud, como el cigarrillo.

 

Ahora bien, ¿existe en la realidad empírica “carga excedente”? y, en tal caso ¿se puede detectar, o percibir de algún modo? Estos interrogantes elementales intentan evitar un error similar al de la teoría del “eter”[24]

 

Tal vez sea útil un ejemplo: cualquier nuevo impuesto que un sujeto deba pagar es razonable intuir que no le producirá placer alguno, más allá de que se trate de un individuo altruista, que considere como un bien valioso la consecución de los fines del estado, sin dudas preferiría no pagar; este displacer se puede ver como la carga normal o habitual que produce al sujeto la imposición, pero, si además el impuesto, por ejemplo sobre el vino, le obliga a sustituirlo por otras bebidas alcohólicas, su displacer va a ser mayor. La carga excedente sería el incremento de displacer.

 

Se puede considerar plausible que dicho efecto exista pero de allí, a postular que es igual para todas las personas (curva de demanda) hay un campo de diferencia. Igualmente se pueden imaginar individuos tan altruistas que no sufrieran carga excedente u otros (funcionarios fiscales remunerados en según la recaudación o que dispondrían de mayor  gasto publico para ejecutar) que por el contrario se alegraran porque con el impuesto aumenta su beneficio personal. La humanidad es un conjunto heterogéneo de personas que interactúan.

 

4.- Criticas

Las críticas que pueden hacerse al análisis anterior son su falta de consideración de los efectos del impuesto en otros sectores, (en definitiva que se trate de un análisis de equilibrio parcial) la utilización de curvas compensadas, la existencia misma de curvas y la suposición de traslación, medida indirectamente por las elasticidades.

 

4.1 Equilibrio parcial

La crítica al análisis de equilibrio parcial esta en su propia naturaleza ya que no pretende otra cosa que estudiar un “recorte”de la realidad; por ello lo cuestionable no es este análisis en sí, sino la generalización de las conclusiones a que se llega con el mismo (su utilización)[25].

 

4.2 Curva compensada

Este tipo de curva elimina (compensa) los cambios en la curva de indiferencia que supuestamente se asocian a un cambio en la renta.

 

Stiglitz[26] define del siguiente modo la curva referida a la demanda compensada de un consumidor de cerveza: “esta curva muestra la demanda de cerveza de un individuo, suponiendo que cuando baja el precio, se le detrae renta de tal manera que permanezca en la misma curva de indiferencia”, con esto se soluciona el problema de incorporar al análisis la variación de las preferencias que se produce en un sujeto cuando su renta cambia.

 

La razón de esta simplificación obedece a que, sin hacerla, no se podrían aislar adecuadamente los cambios ocurridos, ya que se confundirían los motivados por el impuesto, con los originados en la traslación dentro del mapa de indiferencia del individuo, que se produce ante un cambio en la renta.

 

En definitiva de lo que se prescinde es del “efecto renta” o sea de los cambios en el bienestar del sujeto asociados a un cambio en el nivel de su renta. Stiglitz[27] dice que “independientemente de que los economistas ‘deban’ o no prescindir del efecto-renta, lo cierto es que en la práctica casi siempre prescinden de él, debido a las dificultades que plantea la cuantificación de su magnitud”.

 

El último razonamiento menciona la dificultad de identificación del efecto-renta, no su inexistencia y es una buena explicación de su omisión, pero no soluciona el problema principal, sólo lo ignora.

 

Entonces, cada recomendación basada en el análisis de carga excedente debería ir precedida, entre otras, de la siguiente advertencia:

 

“suponiendo que el cambio en la renta de los sujetos no cambie su curva de indiferencia, situación que se ha intentado eliminar anulando los aumentos (o disminuciones) de renta que produce una baja (suba) en el precio del producto”

 

Es claro que las recomendaciones así caracterizadas tendrían una fuerza bastante más débil.

 

4.3 Función utilizada

 

También es habitual utilizar curvas[28] para mostrar en forma gráfica las distintas ofertas y demandas, a continuación también se suelen utilizar herramientas matemáticas para analizar los fenómenos.

 

Se trata aquí de una simplificación mayor, pues que supone:

 

La curva en cuestión es una parábola.

 

Ergo, para cada infinitesimal punto de demanda existe un infinitesimal punto de oferta, o sea se trata de funciones continuas.

 

La pendiente de la curva es la postulada, sin prueba empírica alguna que avale esto: por ejemplo es difícil de creer que, en la realidad, para un precio infinitamente alto habría una demanda infinitamente pequeña y viceversa; o sea que ambas curvas serían asintóticas respecto de cada eje.

 

Respecto del tema Stiglitz[29] dice: “…en nuestro cálculo del área (se refiere al área de ineficiencia o carga excedente) suponíamos, o bien que la curva de demanda era lineal, o bien que el impuesto era suficientemente pequeño para que una aproximación lineal fuera razonablemente exacta” y a continuación advierte: “si calculamos la pérdida irrecuperable de eficiencia que provoca un impuesto sobre la renta con tipos marginales de un 50%, no podemos utilizar tal aproximación más que con suma precaución”.

 

Es claro que habitualmente se prefiere la elegancia del gráfico y la exactitud matemática a la representación veraz del fenómeno.

 

4.4 Traslación

Este fenómeno es harto conocido desde hace mucho tiempo, no obstante ello se analizará detalladamente ya que está en la base de la argumentación de la carga excedente.

 

Corrientemente se denomina traslación al proceso mediante el cual un sujeto que debe pagar un impuesto transfiere la carga económica del mismo a otro; este procedimiento se realiza mediante el mecanismo de los precios y su dirección (adelante, atrás, trasversal) depende de las condiciones del mercado en que se opere.

 

La distinción anterior se basa en el sentido de la traslación: si se realiza aumentando los precios de los productos gravados, disminuyendo los costos de sus insumos o, en el último caso, variando los precios de otros productos o insumos: traslación oblicua hacia delante o hacia atrás.

 

Para que estos procesos sean posibles Musgrave y Musgrave[30] sostienen correctamente que es necesario que el sujeto no haya utilizado anteriormente toda su fuerza en el mercado, dado que si lo hubiera hecho no podría forzar la traslación. O sea se está en un mercado de competencia imperfecta, fuera de los supuestos del gráfico antes expuesto.

 

El sujeto que recibe la traslación, a su vez, intenta realizar lo mismo con sus clientes o proveedores y así sucesivamente hasta que se produzca alguno de los siguientes hechos: o sufre la traslación un sujeto y carece de fuerzas para, a su vez, trasladar, o se llega a un consumidor que no puede trasladar por definición.

 

En el primero de los casos, sea cual fuere el impuesto, se convierte en un tributo a las ganancias de quien no puede trasladar, mientras que en el segundo el consumidor incidido puede cambiar sus conductas económicas: disminuir el ahorro, disminuir el consumo, aumentar su oferta de trabajo y otros múltiples comportamientos que también se pueden predicar de quien fue incidido en sus ganancias.

 

Estas conductas, a su vez, alteraran las condiciones anteriores del mercado para todos sus actores, no solo para los incididos por el tributo.

 

Entonces se visualiza un escenario dinámico donde existen múltiples acciones y reacciones imposibles de pronosticar; un símil adecuado al mismo seria la acción de arrojar en un lago de aguas calmas una piedra: esta produciría en las aguas distintas ondulaciones (traslaciones) que se dirigirían desde el lugar de caída hacia los bordes del lago. Al llegar allí se produciría una solución en la continuidad del proceso de traslación (sujeto que no puede trasladar, consumidor final) y las ondulaciones volverían hacia su origen interactuando con las olas anteriores y posteriores.

 

La resultante de estos movimientos es imposible de predecir; esto es un fenómeno conocido por las ciencias duras: se saben con exactitud las fuerzas que obran sobre una hoja que cae (gravedad de la tierra, viento, resistencia del aire y otras) mas resulta imposible pronosticar con exactitud el lugar donde caerá dicha hoja.

 

Sobre la traslación, por tanto sobre la influencia de los impuestos en los actores económicos, solo se pueden predicar efectos probables que, en la mayoría de los casos son de imposible comprobación empírica y sólo comparables con observaciones aisladas o estudios estadísticos con importante margen de error.

 

En resumen, los estudios sobre la traslación, pese a ser harto conocidos y tan antiguos como la tributación no han podido superar la dificultad fundamental de predecir la resultante de las múltiples interacciones que producen en la economía los impuestos.

 

Refiriéndose este fenómeno (siempre de trata de  acciones humanas) tal vez sea útil considerar el análisis de Hannah Arendt[31]:

 

Parece como si cada acción estuviera dividida en dos partes, el comienzo realizado por una persona, y el final, en el que se unen muchas para “llevar” y “acabar” la empresa aportando su ayuda…

Debido a que el actor siempre se mueve entre y en relación con otros seres actuantes, nunca es simplemente un “agente” sino que siempre y al mismo tiempo es un paciente. Hacer y sufrir son como las dos caras de la misma moneda, y la historia que un actor comienza está formada de sus consecuencias, hechos y sufrimientos. Dichas consecuencias son ilimitadas debido a que la acción, aunque no proceda de ningún sitio,…actúa en un medio donde toda reacción se convierte en una reacción en cadena  y donde todo proceso es causa de nuevos procesos. Puesto que la acción actúa sobre seres que son capaces de sus propias acciones, la reacción, aparte de ser una respuesta, siempre es una nueva acción que toma su propia resolución y afecta a los demás.

 

 

Además la resultante de la acción es impredecible ya por no se trata sólo de:

 

… una cuestión de incapacidad para predecir todas las lógicas consecuencias de un acto en particular, en cuyo caso un  computador electrónico podría predecir el futuro, sino que deriva directamente de la historia que , como resultado de la acción,  comienza y se establece tan pronto como pasa el fugaz momento del acto…la luz que ilumina los procesos de acción, y por lo tanto todos los procesos históricos, sólo aparece a su final.

 

El modelo de carga excedente prevé una forma de traslación que, como se ha dicho, es una de varias posibles y está relacionada con las elasticidades de oferta y demanda y con la situación competitiva de los mercados.

 

5.- Análisis de equilibrio general

La complejidad de las interrelaciones entre las variables del sistema económico se muestra en este caso en toda su magnitud. Dicen Atkinsons y Stiglitz[32] “los efectos inmediatos en primera instancia son compensados frecuentemente por ajustes subsiguientes; y para conocer el impacto total de un impuesto se necesita hacer un seguimiento de todas sus consecuencias” concluyendo: “como resultado, el análisis de equilibrio general de la incidencia impositiva ha sido limitado en su mayor parte, al equilibrio competitivo…”.

En consecuencia sostienen que no existe “un cuerpo de teoría generalmente aceptado” y analizan alguna de las desviaciones más comunes del modelo de competencia perfecta, tales como las imperfecciones en los mercados, la imposición de bienes intermedios y la existencia de costos no constantes y el desequilibrio que produce el desempleo.

 

Musgrave y Musgrave[33] agregan a lo anterior que “…la carga general de la imposición o de los procesos de impuesto-transferencia  no puede determinarse sin considerar los aspectos distributivos”.

 

En resumen, aún dentro del modelo de competencia perfecta, siendo el análisis de equilibrio general el más apropiado, su escaso desarrollo y asertividad impiden la aplicación normativa de sus conclusiones.

 

6.- Conclusiones

 

Se ha analizado someramente el concepto de carga excedente, no con el propósito de exponerlo[34], sino para tomarlo como ejemplo de la validez y aplicación práctica de muchos de las conclusiones del análisis económico.

 

Es común en los escritos de divulgación exponer ciertas condiciones y llegar a conclusiones sin especificar claramente las limitaciones teóricas de que adolecen, llevando a los legos o inadvertidos al engaño.

 

Esta sensación es frecuentemente reforzada por la utilización de profuso herramental matemático[35] que “viste”a las conclusiones con una aparente verdad lógica irrefutable que, en el mejor de los casos y si el análisis es correcto, es sólo válida dentro de los parámetros que se tomaron en cuenta y, frecuentemente, imposible de aplicar lisa y llanamente a la realidad.

 

En otros casos, al no explicarse el contenido semántico de los símbolos empleados, pueden deslizarse errores e imprecisiones, Bunge da un ejemplo[36] referido a la función de utilidad:

 

…todo agente tiene una función de utilidad µ que depende únicamente de la cantidad q de bienes referidos: µ = f(p). Pero la forma precisa de la dependencia funcional de f de µ sobre q rara vez se especifica. Cuando se especifica, la función se elije por conveniencia de cálculo más que por su adecuación empírica…..Las únicas condiciones impuestas a la utilidad µ son que sea una función creciente pero desacelerada de q. Esta es…la ley del rendimiento decreciente.

…………………

Pero hay un problema: las dos condiciones mencionadas son insuficientes para definir la función de utilidad, puesto que son satisfechas por muchísimas funciones. Tres de las favoritas…son µ1 = log q; µ2 = aq ½ + b;  y µ3 = aq – bq2,   con a, b>0. Estas funciones son muy diferentes entre sí.

 

Por último, el mismo autor, en otra obra afirma[37]:

 

Con respecto a los símbolos que aparecen en la ciencia y la tecnología, sólo tienen sentido en la medida en que representan ideas, cosas o procesos. Este es el motivo por el cual las formalizaciones matemáticas adquieren contenido o significado no matemático únicamente cuando son complementadas con supuestos semánticos, tales como “P(t) representa la población del territorio dado en el tiempo t”

 

Es claro que el propósito del presente no es sólo criticar, actividad mucho más sencilla que crear, sino intentar ubicar el análisis en su lugar epistemológico.

 

Ello es vital, en especial si se sostiene que las finanzas públicas deben ser abordadas dentro de una teoría propia y general, que utiliza herramientas de la política, el derecho, la técnica y la economía, dentro de la cual esta última tiene un lugar muy útil, pero no hegemónico ni excluyente.

 

 


[1] Presentado en XI Jornadas de Epistemología de las Ciencias Económicas, Buenos Aires, octubre 2005 y

publicado en Revista de tributación, Asociación Argentina de Estudios Fiscales, nº 3, 2006

[2] GOMEZ, Ricardo. J.: Las teorías científicas, t. I, Editorial el coloquio, julio 1977, p.142

[3] LAKATOS, I. y MUSGRAVE, R.: La critica y el desarrollo del conocimiento, Barcelona, p. 75 observan que el uso de esta cláusula como hipótesis ad-hoc puede tornar cualquier teoría en irrefutable.

[4] BUNGE, Mario: La relación entre la sociología y la filosofía, Edaf 2000, p. 26

[5] FERNÁNDEZ, Luis Omar: Vocabulario de hacienda pública, La Ley 2003, p.27

[6] GOMEZ, Ricardo: Neoliberalismo globalizado, refutación y debate, primera edición Ediciones Macchi, 2003, p. 65, los ítems b) y c) también son citados por el mencionado autor..

[7] BUNGE, Mario: Emergencia y convergencia, primera edición, 2004, p. 126

[8] BUNGE, Mario: Emergencia y convergencia, primera edición, 2004, p. 223/4

[9] Nuevas perspectivas en teoría económica, Escuela de dirección y negocios, Universidad Austral, 10 de agosto 2005.

[10] STIGLITZ, Joseph E.: La economía del sector público, Antoni Bosch Editor, 1989, p. 20 y sgtes.:

[11] STIGLITZ, Joseph E.: La economía del sector público, Antoni Bosch Editor, 1989, p. 22 adjudica esta opinión a Galbraith.

[12] El mencionado Stiglitz ha desarrollado en profundidad el tema de las asimetrías en la información.

[13] BUNGE, Mario: La relación entre la sociología y la filosofía, EDAF 2000, capítulo 5.

[14] BOLAND, Lawrence A.: Acera de la futilidad de criticar la hipótesis neoclásica de maximización, en Metodología de la investigación, GONZALEZ BRAVO, Lucio y MARQUES, Gustavo, compiladores, Editorial de Belgrano, 1996, p225.p.

[15] GOMEZ, Ricardo J.: Neoliberalismo globalizado. Refutación y debacle, Ediciones Macchi, 2003, p. 66, negritas en el original.

[16] Excepto los dirigidos a especialistas que conozcan los condicionamiento citados.

[17] MUSGRAVE, Richard, A y MUSGRAVE, Peggy, B. Hacienda pública y aplicada, quinta edición, McGraw-Hill, 1991, capítulo 16.

[18] De algún modo el requerimiento recuerda a Pigou y su propuesta de financiar el costo del estado mediante impuestos a las externalidades.

[19] GOMEZ, Ricardo. J.: Las teorías científicas, t. I, Editorial el coloquio, julio 1977, p. 52/3.

[20] POPPER, Karl A.: Conocimiento objetivo, Editorial Tecnos, Madrid, 1974, Capítulo 1.

[21] BARKER, S.F.: Inducción e hipótesis, EUDEBA 1963, p. 13

[22] Consiste en una suma igual pagada por todos los sujetos, por ello (es ineludible e idéntica para cada uno) no produce alteraciones en sus comportamientos.

[23] Décadas atrás el intento de aplicar un impuesto de capitación (poll tax) para la financiación de la seguridad social provocó la caída de un gobierno en el Reino Unido.

[24] MUSGRAVE, Richard, A y MUSGRAVE, Peggy, B. Hacienda pública y aplicada, quinta edición, McGraw-Hill, 1991, p.342.

[25] A principios del siglo pasado, para remediar la imposibilidad de explicar el movimiento de la luz con la teoría física existente (anterior a la teoría de la relatividad) se postulaba que las anomalías eran producidas por este elemento invisible que se encontraba en el espacio. Es también un notorio caso de hipótesis ad-hoc.

[26] MUSGRAVE, Richard, A y MUSGRAVE, Peggy, B. Hacienda pública y aplicada, quinta edición, McGraw-Hill, 1991, p. 350 advierten que la utilización del enfoque de equilibrio parcial puede conducir a conclusiones equivocadas.

[27] STIGLITZ, Joseph  E.: La economía del sector público, Antoni Bosch Editor, 1989, p. 514

[28] STIGLITZ, Joseph  E.: La economía del sector público, Antoni Bosch Editor, 1989, p. 289

[29] La recta del ejemplo es un caso extremo de ellas que se utilizó por simplicidad gráfica.

[30] STIGLITZ, Joseph  E.: La economía del sector público, Antoni Bosch Editor, 1989, p. 516

[31] MUSGRAVE, Richard A y MUSGRAVE, Peggy B.: Hacienda pública teórica y aplicada, quinta edición, MaGraw-Hill, Madrid, 1992

[32] ARENDT, Ana: La condición humana, primera edición, Paidós, 2003, p. 212/3.

[33] ATKINSONS, Anthony B. y STIGLITZ, Joseph E.: Lecciones sobre economía pública, Instituto de Estudios Fiscales, Madrid, 1988, p. 271.

[34] MUSGRAVE, Richard, A y MUSGRAVE, Peggy, B. Hacienda pública y aplicada, quinta edición, McGraw-Hill, 1991, p. 359.

[35] Es harto conocido y existen exposiciones mucho más rigurosas en las obras citadas en la bibliografía.

[36] Ver análisis de la teoría de la elección racional: BUNGE, Mario: la relación entre la sociología y la filosofía, EDAF 2000, capítulo 5. En otra obra (La relación entre la sociología y la filosofía, p. 141) el mismo autor enumera varios ejemplos de algunos economistas a los que denomina “…ejercicios de taquigrafía, y no de ciencias sociales genuinamente matemáticas”.

[37] BUNGE, Mario: la relación entre la sociología y la filosofía, EDAF 2000, p. 156

[38] BUNGE, Mario: Emergencia y convergencia, primera edición, Gedisa Editorial, 2004, p. 196


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